jueves, 15 de octubre de 2009

Prosa Fotográfica

PRESAGIO DE UN SUEÑO FRENTE AL MAR.






Ey, estoy cansado.

Jamás había sentido este cansancio.

Aún puedo andar aún puedo mirar.

El sol no me molesta, el sueño se ha mudado al cuerpo.



Mi alma escapó anoche. No sé a que hora. Quizá se fue con ese último suspiro claro que te alcance a oír. De ahí el olvido se impuso para traerme al mundo.



¿Y tú? No me veas así… Me siento un poco triste de no poder declamar enamoramiento, por los acuerdos. Si sirve un poco, los hombres tenemos realmente contadas nuestras tristezas en la vida frente a las mujeres. Mi primera confesión es ésta. Si sirve, también me siento contento de haberte tocado tanto, de que tengas este rostro hoy y el de ayer con el sol.



Tanta resaca erótica



¿Se podrá ir más allá? Habrá que dormir un poco al instinto, al animalito, él sabrá guiarme, tiene su propio lenguaje y no hablo en plural por que has sabido hacerme el más grande regalo: acariciar mi ego delirante. Mira, te cuento un sueño. La primera imagen que recuerdo son unas escaleras que dan al mar. Las escaleras con las que siempre hemos soñado los seres humanos, unas escaleras que conecten el cielo al mar. Por esas escaleras veníamos bajando, contentos.




Había un psicólogo que quería encontrar la esencia del ser humano en unas palomas. Y le preguntaron qué es todo eso que no tienen las palomas ni los changos ni los ratones, pero sí los seres humanos. Es una caja negra. Dijo. No imaginó que hizo una comparación despiadada.



Bajando, al final de las escaleras, en el sueño, había un mar azul. En unas partes más intenso, tanto que dejaba de ser azul volviéndose algo obscuro, como en ese mar psíquico en donde se mezclan los más profundos recuerdos con el instinto volviéndolo denso, por eso en el sueño tenía la idea de la profundidad y te decía que en esa parte obscura, profunda, estaba hondo. Era el deseo.




Me gustaba que ante mi precaución tú jugaras en ese paisaje hasta entonces advenedizo.



Y no pudimos resistirnos ante ese enorme deseo marítimo, que en algunas partes es más profundo y obscuro.



Tú diste el primer paso, acariciándolo con Carne:










El mar y el deseo despiertan con una caricia. Es bien cierto.










Entonces… con esa caricia el mar se despertó, indomable, fuerte hacia nosotros.












Íbamos cuesta arriba subiendo las escaleras sin sol, ni luna, quizá para regresar a la contemplación. Nos metimos en el sueño, en el mar, en el deseo, uno en el otro. Aunque el oleaje nos haya avasallado, no lo dejamos pasar, fuimos arrastrados por el Mar.









No hay comentarios:

Publicar un comentario