martes 12 de enero de 2010

Telequinesis.

      Cuando uno ve a un lisiado desgraciado, esos que se dejaron vencer por la vida y que no mendigan nada, que solo están ahí como bolsas de órganos humanos tirados en la banqueta, el mayor gesto humano que se puede tener es preguntarse sobre la vida espiritual de ese ser humano. Eso se preguntaba el catrín cuando se detuvo unos instantes junto al lisiado tirado a unos metros de la puerta que dividía la primera sala del bar cuyas paredes verdes, iluminación tenue, piso de madera semejaba un paisaje cuasisubterráneo del siglo XIX. Ante todos los bebedores ya se había vuelto invisible aquel indigente, el cantinero algunas veces lo rodaba hacía afuera y regresaba de la misma forma hasta caer la noche y entonces era barrido a la calle como si fuera parte de la basura del día, entonces se arrastraba solitario por la calle hasta posarse debajo de las escaleras de un edificio abandonado donde pasaba lo que restaba de la noche sobre el suelo como una hoja marchita. El catrín en cambio representaba la elegancia en el barrio del olvido como le llamaban todos; un pedazo de tierra para todos los desterrados del mundo; prostitutas, alcohólicos, jugadores. Allí se daban cita todos los negociantes erráticos. El catrín entraba y salía del barrio del olvido ondeando su bastón y con su sombrero de copa a la cabeza como objeto luminoso en medio de la oscuridad. Entraba al bar y era de los únicos clientes a los que se le permitía pasar a la segunda sala, siempre con su estilo impecable. Fue entonces cuando cayó en cuenta del cuerpo del lisiado y que se pregunto sobre la vida espiritual de ese cuerpo, traía en mente el tema de espíritu, recién se había percatado de su presencia en él a través de una frase escuchada No basta tener espíritu. Además hay que tener suficiente espíritu para evitar tener demasiado* fue por eso que el lisiado adquirió visibilidad ante él. Por designios del misterio se encontraron las miradas y surgió entonces el fenómeno humano del cual no se había tenido registro alguno, cosa que no significa que no haya sucedido anteriormente. El cuerpo del catrín empezó a retorcerse como si fuera presa de un ataque epiléptico, como si su cuerpo hubiera estado dormido por mucho tiempo, sin reconocer los movimientos mínimos para sostenerse en cualquier espacio. Al mismo tiempo el lisiado balbuceaba con desesperación, nunca antes había emitido palabra alguna, si hablaba nadie se había percatado, entre babas, gemidos y su rostro trasfigurado semejaba los comienzos de una mutación. La inquietud del catrín había despertado al durmiente espíritu del lisiado, sucediendo una mudanza y ahora usurpaba un cuerpo que no era el suyo, era un huésped que quería adueñarse a toda costa de un cuerpo capaz de movimiento, mientras en los adentros del cuerpo tirado en el piso, un horror indescriptible se vivía. Recién estaba en boga el método de la hipnosis en lejanas tierras, quizá el catrín era un hipnotizador innato sin la conciencia de los alcances de su gran don. Incapaz de domar tal poder mental cayó presa frente al lisiado, otorgándole la mayor dicha; tener una casa para su alma moribunda. Así es como una mente prodigiosa quedo atrapada en un cuerpo desahuciado, sin poder emitir palabra ni gesto, ni elegancia. Con un espíritu cual con el paso del tiempo fue más allá de la desesperación hasta ser olvido de sí mismo, una hoja marchita debajo de las escaleras de un edificio abandonado, musgo viviente del bar carcomido de penas en el barrio del olvido. Lo que era un catrín salio a gatas del bar, huyendo del barrio, enderezándose con los días, transfigurándose con el tiempo en un cuerpo lleno, donde el espíritu también se olvido de sí mismo acostumbrándose al cuerpo.



*André Maurois

viernes 6 de noviembre de 2009

EL CORONEL, LA PRINCESA Y EL FUSILADO.

1850



Iba saliendo cuando llegaron a acaballo, cambiaron de decisión en el camino por una diarrea que le dio al coronel mero el día que yo había decidido salir por la puerta bajo la luz del atardecer. Ese día tenía la idea de que la libertad era eso. Ella se había quedado dormida satisfecha. No me dio tiempo de esconderme cuando del sonido de un galope empecé a escuchar una lluvia de ellos. Me reconocieron de inmediato y fue muy obvio verme salir despeinado acomodándome los botones. Quede estupefacto, toda la caballería fue a dejarlo a su casa, como si la misión fuera una emboscada, en realidad iban rodeándolo por que se venia retorciendo del estómago. Y más grave se puso cuando me vio, no podía levantarse, ni pensar en la infidelidad de su tan preciada esposa y agarrarme a palazos ni dejaría que me agarraran los soldados por que no era un cobarde, solo que su habitual gloria había sido mía desde unas horas antes en su lecho hasta que salí de la casa. Los soldados solo me rodearon y me llevaron; móntate cabroncito nos vamos pa´l cuartel, sabían que sin habérselo propuesto tenían al más grande enemigo del coronel en sus manos. También sabían cual era mi destino. Mientras unos me llevaban al cuartel otros; los más veloces iban a traer el doctor del pueblo, el coronel no podía más que gemir del dolor de su estómago, no podía ni apartar a su esposa ni detenerse a vivir la situación de infidelidad, ni le importaba que toda su caballería se haya dado cuenta de todo. Su batalla se encontraba en sus adentros en esta ocasión y sin la oportunidad de rendición. Mientras me llevaban al cuartel los soldados solo me echaban miradas, no se atrevían a hablar de la situación por que el coronel era de esos pocos hombres que sí se merecen respeto. Solo la enfermedad no respetaba su honorabilidad.

Algunas veces a Sofía le decía la señora Sofía, y nunca nos referíamos a él de otra forma más que como el coronel; el coronel no estará la próxima semana… Me hubiera gustado que el coronel hubiese conocido a más mujeres, por que no le vendría mal un poco de creatividad en el lecho… Me decía a veces, lo cual metía a Sofía en un dilema pues tenia que comportarse con el coronel como siempre, cualquier comportamiento distinto en la cama la delataría. A mi me daba la impresión de que amaba a dos Sofías; una que no era la que él coronel conocía; traviesa, criticona, seductora y a otra; la dama, la del apellido extraño, la Señora Sofía, era algo que solo yo sabía, no era un triunfo sino un trofeo para mí, un trofeo invisible. Mientras íbamos al cuartel y el coronel era revolcado por los retorcijones me acordaba de cómo la conocí. Por azares del destino sabía leer y escribir, y a veces hacía servicios a domicilio como escribir los nombres de la familia: Fulgencio Aguilar nació el 18 de octubre de 1848 en Santo Domingo o hacer una carta entre el papa de Fulgencio y don Eleuterio en donde dijera que prometían no agarrarse a balazos por lo de la cosecha del 45. En una de esas fui a la casa del coronel por que él no podía dedicarse a los asuntos de sus soldados, él siempre impecable con su traje, su esposa no me permitía hacerme el ciego, me parecía como una de las mujeres pintadas en las iglesias. Empecé a ir seguido a su casa para llevar algunos asuntos. Deberías sentirte dichoso de saber leer y escribir sin pertenecer a una clase más alta me dijo Sofía y le pregunte ¿Por qué debería sentirme dichoso señora? Me dijo; por que con las palabras se puede jugar y jugando a las palabras unas cuantas veces terminamos aprovechando las batallas del coronel librando las nuestras.

Llegamos al cuartel ¿Dónde meteremos a este? ¿Lo meteremos al calabozo o a la celda de madera? El coronel le gusta pasarse pero con los pendejos este cabrón si se paso de la raya ya ves con el traidor que también se había pasado de listo en otras cosas claro; lo mantuvo en la celda hasta “el día”. Yo creo que lo metemos a la celda de madera al rufián. La celda era muy bonita para ser una celda. Tenía una ventanita que dejaba ver el cielo, la luz sobre los muros daba una sensación de estar soñando. Era seguro que de los soldados no iba a salir nada de lo sucedido, no por que le tuvieran miedo sino por respeto y de seguro todos estarían dispuestos a disparar pero le dejarían al coronel limpiar su honor.

Cuando llegó el doctor, Sofía le estaba sobando la panza con toda una variedad de menjurjes, el coronel estaba ya más calmado recostado como un niño, solo estaba con él Sofía. Llegó el doctor y le dio de inicio un calmante y un somnífero por que por principio no soportaba ver a alguien como el coronel en tal aspecto de fragilidad. Enseguida sacó sus frascos, sobó de distinta forma, dejó una serie de indicaciones que habría que seguir, espero a ver que el cuerpo del coronel empezara a armonizarse, platicó un rato con Sofía desconociendo completamente la situación. El coronel va a estar bien mi muy estimada señora le mandaré a una cocinera en estos días para que le de la dieta adecuada, está enfermo por que en las batallas malcomen y son puros hombres saben de armas pero poco saben de cocina.

Mis días de agonía dependen de los días de recuperación del coronel, no sé que haya pasado con Sofía, lo más seguro es que la Sofía que solo yo llegue a conocer muera conmigo. Para encontrar a una señora como Sofía hay que recorrer muchos kilómetros de aquí. En el cuartel me tratan como un fantasma alguien que ya está muerto y como me ven más cerca de los muertos pues no son desalmados conmigo y por lo que estoy aquí podría hasta hacérseles un héroe. Los soldados a veces quisieran preguntarme, les perece increíble que una dama se haya relacionado con alguien como yo que en parte soy como ellos, más no preguntan nada, sería también traicionar al coronel.

Uno jamás atina a la forma en que moriremos, jamás me habría imaginado que jugar con las palabras me llevaría a Sofía y que jugar con ella me llevaría a la muerte, más haberla besado como nos besábamos, haberle visto su rostro de princesa excitada eran los avisos de la muerte, y creo que he sido afortunado; no moriré por un descuido en los peñascos ni por una bala perdida, ni por una peste sorpresiva moriré, me matarán por que mi existencia es un pesar para otros.

Tres días de estar en la celda fueron los necesarios para que el coronel recuperara su vitalidad, me sentía como flotando en el tiempo. Al cuarto día llegó al cuartel con su rifle inglés Brown Bess enviado directamente por el jefe de armas de la nación por motivo de su primera década de triunfos. Me despedí de la celda como despidiéndome de mi espíritu dejándolo allí, los soldados me llevaron sigilosamente al pabellón de fusilamiento. Al principio no tenia miedo a la muerte hasta distinguir el cañón de la Brown Bess de frente, un escalofrío se apodero de mi cuerpo. El coronel hombre tenaz y de grandes estrategias se anticipo, era obvio cual sería mi último deseo, ver a Sofía, la vi asomándose tras el cuartel. En ese momento dejo de ser imponente el cañón. Entre la escopeta como mascara del coronel y el rostro de Sofía, sentía olas de sentimientos que inundaban mi cuerpo, me daba la sensación de comprender todo y en todos los tiempos, tenía el coraje de ir con la frente en alto y sereno hacía la muerte.

Después del primer disparo se escucho la resonancia de la bala batiendo su pecho, al segundo disparo la señora Sofía soltó un suspiro, al tercero el coronel retomo su respiración. Todo pasó en 46 segundos. Después el cuerpo se recargo en la pared cayó lentamente al piso. Nunca habíamos visto a nadie con mejor tino que al coronel, los tres disparos dieron exactamente en el pecho ahí donde debería estar el corazón solo quedó un hueco, todo había quedado salpicado en la pared. El coronel jamás volvió a dormir tranquilo, murió de una úlcera a una edad avanzada después de la señora Sofía recostado en su cama sin testigos y sin perder la memoria.

martes 27 de octubre de 2009

No me invitaron pero tampoco me dijeron no vengas... Por el tlacuache.

Es un honor hacer la presentación en éste blog de mi gran amigo el tlacuache quien cada vez me asombra con su tan cercano comportamiento al ser humano, venga tlacuache muestrate¡¡¡¡

LA LEY DEL CERRO

Cierto día a la orilla de la carretera, justo cuando el asfalto despide ese olor a tarde evaporada y seca por los nobles rayos del sol cansado, me encontraba pensando sobre el hombre y su febril aberración por la búsqueda de sus deseos, me reía así como cuando en medio de la nada y frente a ti, te acuerdas de una gracia, que solo a ti te significa. Ya se venia venir un desmadre de reclamos, linchamientos, madrazos, pues,. Me quedè “ido”, rumeando ¡que pues! “La ley de la selva es una”, pero, pos ¡no cabrones! “La ley del cerro”, es otra, y nadie la comenta, y nadie la saca en cuentos, y nadie la dice como dicho popular, por eso, era hora de hacerla recordar, ¡nomas pa`que no se diga que solo hay ley de la selva!


La risa de esa tarde, me daba miedo y felicidad, evocaba el desmadrito por venirse, resulta que allá en el cerro, los animales entre nopales, “tunas tapa culo” (que son las verdes duras con semillas negras), cadillos, hierba de conejo, tepiches, trapiches (que no es lo mismo que trapiches porque estos son los arboles que otras gentes llaman ahuehuetes), alfalfa, azucenas, huizaches, coralillos, mordullos, arrieras, alacranes, (de esos prietos, no de los blanquitos porque a esos pinches no les da el sol), chintetes, roda caca ( que disque son los escarabajos, pero bien se sabe en el cerro, que son ¡“roda caca”!), zopilotes, chinches, chapulines, costoches, tecolotes, lechuzas y pos también los chingados, tlacuaches ¡como yo! animales que vivimos resistiendo y pactando con el sol, buscando día a día la comida, observando los borrachos que la matlazihua se lleva a perder en los basureros, al “ tìo” que todos los días se viene a la “chinga” del campo a sembrar su alfafita, y su maíz pa' tener que tragar, pero bueno esos escenarios y los pensamientos que generan se los contaré otro día, hoy estamos en el momento en que descubrí, “la ley del cerro”.

Todo comenzó porque se me metió la chingada idea de aprender Francés, y pues nadie en el cerro sabe que "chingao" es el Francés, entonces comencé a contar mi sueño de irme a viajar a Europa, y conseguir dinero para poder conocer “otro mundo” salir de mi pinche cerro, polvoriento y sin futuro, y me dediqué a bajar por las noches a la biblioteca del pueblito y a robar libros, eso fue lo que me llevo a un desmadre y a otro, pues nomas se me ocurrían cosas y cosas, pensamientos, suposiciones, eso que algunos autores llamaban análisis ¡ocurrencias pues!, así le llamaba mi abuelo. Después entre a las bibliotecas de las escuelas y robé, no solo libros también medios tecnológicos, ya saben; una lap, un cañón, pantallas de proyección, módems, jejeje cositas... que divierten, posteriormente pensé; entraré en la nochesona a buscar en las casas de los habitantes que siempre tienen telesotas, y robé telesotas, jeje mi casa se llenó de cosas que me hacían muy feliz, pero las tenia que vender porque el viaje a Europa cuesta caro.

El plan era vender la idea a mis compas que si aprendía Francés y conocía Europa, podía resolver todos los pinches pedos que en el cerro se presentan; basureros, sequías, desbordamiento de presas, fetideces de los cadáveres asesinados por los “mariuaguanos” como les llaman a los cocainómanos las viejitas del pueblo, pleitos y “agandalles” de los perros negros, etc. Entonces la vendimia la encontré bien fácil, porque también era para una buena causa, los objetos robados eran comprados y me convertí en el proveedor de mercancía inconseguible en la punta del cerro, pues bajaba por las noches a surtirme de mercancía al pueblo, claro, no había negociadores con quien llegar a tratos, solo yo y mis “negocios fortuitos”. La cosa ¡iba rebien!, porque ya tenía mucho más del dinero que esperaba, me alcanzaba hasta pa’ irme a vivir un año a París sin pasar hambres, pero la gandallez se apoderó de mi inconsciencia y seguí robando y vendiendo, vendiendo y robando.

Uno de los días que bajé por mi mercancía, me encontré abajito del cerro, a una bola de animales, vecinos y compradores, los cuales, al mirarles sus caras, sus palos y sus machetes, me hacían comprender que sabían de mi “negocio”, y me dijeron; ¡mira pinche tlacuache! Te la vamos a barajear claramente, no queremos problemas con los pobladores, sí queremos nuestras cosas que compramos, (pues daba buen precio y las cosas eran de buena calidad jajaa), y pues, si te quedas tendríamos que regresar nuestras pertenencias a los pobladores, si tu te vas, podemos “negociar”, decir que a todos nos estafaste, y nadie pierde, tu te vas con tu dinero a “Europita” nosotros nos quedamos orgullosos de haberte expulsado, y podemos decir que las cosas se “perdieron”, si te quedas, te “chingamos” y ni modo tenemos ¡palos y machetes! Y más animales que si les quitamos lo que les vendiste, ¡se van a encabronar………..!

Comprendí la negociación, entré a mi casa por el dinero, y me uní a la compañía de las rayas blancas de carretera, las cuales me llevan, ¿a donde? ¡¿Quien sabe?! Solo sé que también me acompaña la tarde. Las cosas en el cerro se están resolviendo, tengo un fajo de billetotes, y ahora que me han aplicado la ley del cerro, y se de que se trata, pues, el lugar donde me encuentre es lo de menos, lo de más ya lo aprendí…………

Crónicas de Jazz.

Me complace presentar una exploración en el Jazz por parte de mi amigo Antonio Álvarez (toñito) que exige afinar el Oído. 


 Crónicas de Jazz.Satchmo.

lunes 19 de octubre de 2009

Cuento


00:07:00:52

"Aujourd'hui même, tu seras avec moi au paradis."
Au paradis de l'illusion.

Les livres de leurres.  E.M. CIORAN



Mi escepticismo ante la gran casa tuvo su revelación ahí donde la razón baja la guardia completamente; en el sueño. Soñé que bajaba las escaleras de la gran casa y entraba a una habitación vieja y obscura. Me daba la sensación de haber estado y no, ese desequilibrio del sentido en el campo de lo onírico. Al pasar por ella cayó encima de mí una repisa, iba a oscuras, no caí en espanto; logre ver que las cosas eran inmóviles; objetos de madera y papeles viejos alcance a vislumbrar. Enseguida sucedía ese extrañamiento de haberse despertardo; me encontraba con mi tío y su hijo que venían entrando a la cochera, en ese mismo instante le decía que había descubierto el enigma de mi sueño; que a la casa en donde vivíamos le había añadido una habitación en el sueño; por que había soñado ya varias veces con esa habitación que me provocaba la gran duda de su existencia. Creyéndome ya despierto entraba a la gran casa dirigiéndome a la oficina, pasaba por una habitación obscura que no recordaba como clara y distinta. Al encender la luz se percibía la antigüedad de la casa, las cosas en su conjunto despedían el olor del tiempo, la radio prendida ¿O había viajado a otro tiempo? No caí en espanto ni horror. Cuando desperté solo me intrigaba esa habitación que existe en el sueño, que se adecua a toda arquitectura, una habitación que me espera, a donde siempre voy cuando sueño.


Tiempo después entre algunas visitas a la casa, surgió un comentario sobre el tiempo; yo trabajé en esta casa hace mucho poniendo los cimentos… eso fue hace mucho… ha habido cosas muy modificadas, en ese muro había un arco que te llevaba a una habitación.





NEGOCIO REDONDO.


PRIMERA PARTE

Quien habría imaginado tal perversión, al captar la esencia de alguna teoría o de alguna persona se puede caer a su servicio o servirse de él. Uno pensaría a simple vista que era una chica inocente con problemas, que era una sujeto en falta “cualquiera”, dispuesta a la experiencia del vacío en el diván. El caso empezó a ser rumor tras años de análisis fallidos. Entre tantas cosas que esconde el inconsciente es su habilidad de comunicación de latencia en latencia, se corrió el rumor entre las logias de una devoradora de analistas y en donde sucedía, los ojos fueron puestos en ese punto del país, ninguno de los que sabía quien era quería analizarla otros se lo planteaban, se repetían que frente a los diplomas y años de psicoanálisis ningún síntoma es capaz de escaparse. El tabú ya estaba formado, para lo cual se convocó a un simposium sobre tal temática con el título disfraz; sobre la contratransferencia. Fue un poco contraproducente para algunos, los que no estaban enterados; como siempre el público. Para los analistas significaba un consenso para saber si se trataría el caso y saber quien podría ser el próximo candidato, por supuesto los descalificados ocupaban las primeras filas. Por otra parte ser su psicoanalista entrañaba también saber las contratransferencias de los demás, jamás se deja la horda primitiva.

SEGUNDA PARTE


Cumplidos los cuatro meses se adelanta el analista en esa sesión a decir; no me dejes. Su carrera peligra ¿Continuar un análisis después de tal sentencia? después de la expresión de su demanda de manera descarada, el psicoanalista lo dijo por que peligraba su trayectoria por supuesto. Por una parte creía haber encontrado el enigma del deseo ¿De que manera? encontrándose frente a un deseo superior, entonces ¿Interrumpir un deseo por el deseo propio? Los colegas a la espera...


En esa plática cara a cara, con una seguridad fugaz que se apagaba al momento de hacer su oferta; se mi paciente por un año cada sesión que vengas te la pagaré quiero hacer una inversión para mi reputación, ella responde: acepto, solo quiero que decirte una cosa; así me gano la vida.



LILIANA Y EL SEGUNDO SOL.




Año 2012.


Ya han pasado cinco meses que esta ahí cada vez más cercano, el calor es insoportable, de saber que moriremos antes de que llegue, que no estaremos todos para presenciarlo. Cuando apareció era como una estrella, después como un cometa, ahora es como un sol oscuro. Este calor quema, cuesta pensar, mirando hacia arriba se ven dos soles, el cielo ha cambiado de color, jamás volverá a ser azul, que nostalgia de ese cielo y de las nubes. En un principio todos corrimos, todo se alborotó, después muchos se dedicaron a hacer lo que nunca habían hecho, lo último que escuché fue que cambiaban en real de catorce peyote por comida, es tan grande esto, el suicidio ha sido la alternativa, ya hay una decena de métodos; tres de ellos son silenciosos, tranquilizadores y hasta relajantes. Lo último que alcancé a ver fueron jóvenes formados para la eutanasia antes de venirnos al campo. Aquí, nadie nos ha molestado, cargamos con comida y provisiones. El calor aumenta drásticamente cada semana. Habrá una en que tengamos que ingerir la coca cola que mata ja, que ironía que esa gran compañía haya decido como gesto repartir gratis la fórmula, ahora es el veneno ¡más dulce!, entre tanta resignación queda un poco de voluntad. Liliana se despertó muy temprano hace unos días, salió corriendo al patio y dio el grito más fuerte que le he escuchado, luego lloró por que era la única que no se había derramado, a mí me da una euforia terrible en las noches y una especie de culpa por dejar a toda la familia en la ciudad pero ellos no quisieron venir al campo, se encerraron en el bunker a esperar. Imagino también que estará pasando en Ámsterdam, en Moscu, en Tokio, en Paris, en el D.F. Pasó una caravana hace unos días y salimos a platicar con ellos, iban a unos kilómetros de aquí, no es como en las películas de zombies que hay miedo, la conciencia es algo que ha surgido en los seres humanos en estos últimos días. Los científicos dicen que quedan tres meses para tomarse la lata, después empezaran las quemaduras. Hace unos años no hubiera imaginado esto, estaba todo tan previsto por la ciencia, la humanidad iba a la tragedia humana pero la tragedia natural, el azar cósmico se ha adelantado. Con Liliana hacemos el amor todas las noches después de cenar lo que sea en una valija elegante que trajimos, economizamos la pasión, una vez lo hicimos con LSD pero se nos cruzó lo que venia y fue desastroso, escuchamos música todo el día a veces prendemos la radio, se dicen tantas cosas. En medio de esta agonía las tardes rojas calurosas a esta altura son terriblemente bellas, me siento a ver mis fotos carcomidas, cuando Marruecos, cuando cuba, cuando Tijuana, cuando nos casamos en el mar sin testigos y el tripie tomó la foto, no me cuesta llorar ya. A veces no podemos dormir, la obscuridad artificial no es la misma y por que despertar es duro, aunque el sueño sea hermoso. Con Liliana nos turnamos la batuta del consuelo unas veces soy yo quien va con la cara en alto y afronta el tiempo otras es ella. Cuando le propuse venirnos a la montaña acepto sin alegría, sin duda, como se acepta un turno sin elección, no me cuestionó creo que tampoco se cuestionó a sí misma; solo acepto. Pensamos que sería difícil pero en estos meses reina la tolerancia hacia los otros y son más lo que la defienden que los que la irrumpen, hubo quienes empezaron a bandalizar, abusar, por acuerdo de todos se instauro la ley denominada “la última” esto ha pasado en México, no imagino realmente como ha sido en África en Praga. Quien fuera como Silvio Manuel que solo le preocupa encontrar un lugar cálido para echarse, lo necesitamos más a él que él a nosotros, nos acurrucamos a su ignorancia felina. He decidido peinarme y estar limpio todos los días, también hacer un poco de ejercicio, de leer un poco, Liliana habla todos los días con su familia, cada día le habla uno distinto, la necesitan pero así a lo lejos, su firmeza es increíble: No te preocupes mama; tú y papa ya están grandes y vivieron muy bien sufrieron y gozaron, nosotros estamos orgullosos de ustedes, y ¿te esta cuidando bien? Si mama nos cuidamos. Me acuerdo cuando nos conocimos: hablamos con una franqueza, pero no te creas que soy tan serio le dije, no, me dijo; no lo creo, no creo cosas por primeras impresiones, pero no te creas que yo soy seria EH me dijo con ese gesto, en ese momento sentí que nos acercamos, desde entonces ha existido la pasión cuando tiene que estar, de manera irracional como algo intuitivo, animal, llegue a pensar que moriría con ella, que ella era con quien quería estar hasta mis últimos días y como me dijo un viejo amigo; cuidado con lo que pides por que se te puede cumplir, no esperaba que fuera tan apresurado. El otro día me regaño por que dejé las trastos hechos un chiquero y me dijo; no por que nos vamos a ir a la chingada vas a tener un desmadre la casa, y me dio tanta risa que los dos terminamos riendo un buen rato, eso si; lave los trastes, por que ese es el acuerdo o preparas la pasta o lavas los trastes. De cuando en cuando es dulce y desprotegida solo lo ha sido con su padre y conmigo me lo confeso en la azotea ayer mientras lo veíamos, ahí quedándose después de que el sol se metiera, quedándose a quemar la tierra. Ya el mar debe estar tibio, por que el agua que tenemos ya lo está, faltan menos días. La otra vez pensé que estábamos muy tranquilos, que no estaría mal tomarse la Coca Cola de la banda gris de una vez y Liliana me miró, moviendo la cabeza, ya no me preguntó nada por que sabe que de repente me da por mandarlo todo al carajo.


El agua ya comienza a ser difícil de tomar esta tan caliente, afuera hace un calor insoportable también adentro, mañana tenemos que tomarnos la lata, en la radio se oyen los rezos, la gente ya empieza, son nuestra últimas 24 horas, nos vamos a volver a casar, cuesta pensar con tanto calor. La última vez que estuvimos en la cama le dije a Liliana que tuve miedo de que alguna vez me dejara, ella me confeso que antes de conocerme tenia miedo de ser lesbiana, nos abrazamos y lloramos. Está decidido nos moriremos así; abrazados, claro, antes nos despediremos de todos. La lata esta ahí, no esta hirviendo, es diferente, vamos a tomarla al mismo tiempo ¿que estará pasando en todo el mundo? detrás de las montañas, espero que haya paz, nos volteamos a ver; siempre fuimos dichosos Liliana, lo último que vi fue a Liliana y al segundo sol.



EL ÚLTIMO PASAJERO DE CHATELET.



Bromas de reloj y esos espacios de descuido que tiene el gran sistema francés y sus grandes complejos altamente sistematizados, hicieron que el pasajero aún entrara a la estación de Chatelet. Entró como es habitual. El camino tantas veces transcurrido lo saco de la conciencia temporal con la que es recomendable andar en las grandes ciudades. Hasta que la soledad asaltó su mecanicidad y se vio solo en ese complejo de escaleras mecánicas, paredes irreconocibles por tantas capas de cotidianidad impregnada, y el silencio que dejan las grandes muchedumbres, ese murmullo de la locura. Ya no había persona alguna en la estación, ni clochards insólitamente, sólo estaba el silencio y las irrupciones de tal por los pasos acelerados y la respiración con matices desorbitados en búsqueda de la línea 14, escaparon sus oídos a la única consigna del alta voz que anunciaba la cerrada de la estación, corrió hacía el anden de la línea 14 con la esperanza de encontrase con el último convoy pero Paris no devuelve las esperanzas eso es bien seguro, y ahí fue poseído por el estado de pensamiento que otorga la angustia, ese estado que degrada todo lo facultativo del gran cerebro humano y aporta la forma de pensar de un conejo; el escape. Corrió hacía todas las entradas, cerradas, pensó en regresar al túnel de donde sale esa gran culebra tan barrocamente mecánica, e internarse caminando hasta ver la luz pero esas bocas penumbrosas están reservadas a los suicidas, y a trabajadores fantasmas. Entonces se acordó que llevaba un teléfono agonizante de batería porque cuando cae la tragedia necesita sus aliados y los aparatos electrónicos, artefactos de la desgracia; así como también son las maravillas del futuro muy en el interior están programados para cualquier fatalidad. No aceptaba la idea de que pronto el mundo se redujera a ese instante y que no hubiera fuerza alguna en esas situaciones a la cual invocar en oraciones y ¡listo! teletransportarse a la parte de afuera. Revisó la agenda, como extranjero no tenía muchos contactos, cada decisión era determinante, no estaba enfrentándose a cualquier cosa sino que estaba frente a ese dragón llamado azar. La ola de sobrevivencia que segrega el mismo cuerpo lo hizo hablar a quien más humanidad siempre demostraba;



Ring – silencio – ring --- silencio --- ring ----- SILENCIO ----


HOoooLA ¡¡¡¡¡ HOLA¡¡¡,


Siii, que onda dime?


Dónde Estás ?


ESTooYYYY EN CHATELETTT


Qué haces ahí’


ME QUEDEEE ENCERRADDOOO


Qué?


SIIIIIII


Y cómo?


NO SÉ PERO ESTOY AQUÍ


Ya ensayaste de hablar por el teléfono de emergencia al jefe de estación...


NOOO, aún nooo.


Voy a HacerLO



Sí, me marcas después…




Apareció la luz de lo posible, que indicaba el camino hacia el exterior a esas altura se le había impuesto el deseo del afuera. Ya con ese sentimiento (quizá la libertad es más sentimiento que concepto), fue en busca del interfono que conecta con la cabina, encontró uno que quizá era la primera vez que sería utilizado, apretó el botón rojo, se oía al otro lado como si estuviera marcando a Siberia, se oía una lejanía tétrica. En unos minutos que fueron un segmento de eternidad, la cual siendo así sería insoportable el alma eterna, por fin contestó una voz lejana con la sorpresa más por irrumpir la cotidianidad que como la sorpresa del resguardo ¿hay alguien? Preguntó la voz; Siiii siii hay alguien ¿Cómo es que está usted ahí señor? Preguntó en segunda instancia la voz, difícil decir que por una perdida espaciotemporal instantánea, mejor: se cerraron las puertas¡¡¡ Si? Podría esperarme para dar cuenta a la policía porque no hay a la mano ningún trabajador de la red de metro cerca señor, dijo la voz, ¿cómo? ¿Y usted no puede ayudarme? Le estoy ayudando señor, por favor espere… Con el alivio de haber tenido contacto humano esperó unos minutos, después se oyó un sonido como debieron ser los sonidos de las primeras bóvedas, llegó un guardia y volvió a preguntar ¿Por qué se ha quedado usted aquí? ¿Acaso quería matarse? No, no quiero matarme sólo se cerraron las puertas y ya no hay metro. Evidentemente no hay metro señor hemos retrasado nuestro horarios ¿podría usted mostrarme una identificación por favor? Sólo llevaba algunas credenciales que no lograron convencer al guardia, pasaron cinco minutos de explicación estúpida en un anden desolado con el guardia tremendamente enojado pero con gran cortesía, por fin dijo: “por favor sígame señor”. Al salir por fin a la luz como carroza del futuro lo esperaba una patrulla, algunas personas se asomaban para enterarse si se encubría una vez más un suicidio o si se trataba de algún asesino, cualquier diagnostico de medianoche.


Cuando salió al afuera una dura frescura lo avasalló; era la intemperie, como cuando se sale del vientre materno, había vuelto a ser parido, las luces, la sirena de la patrulla, el frío denso exigían replantear tantas fenomenologías que se han hecho de los sentidos, su cuerpo y su mente lo soportaban respondiendo con estado de alteración bajo el mando del instinto de la sobrevivencia, sintió una mano que no reconoció como humana que lo hacía entrar a la patrulla, en ese recorrido turístico de media noche por Paris en una patrulla de policía razón y respiración se fueron coordinando poco a poco, tras algunos cuestionarios en la comisaría cayeron en cuenta que no había delito ni tampoco culpable, por fin alguien le preguntó sí estaba bien sin esperar respuesta e inmediatamente diciéndole que se podía retirar a su casa y que era necesario poner más atención al entrar al metro que en donde vivía, a lo que él solo respondió; mi casa no está cerca…




CONSULTA INESPERADA.











Entramos a la habitación; ella con sus calzoncitos rojos bordados de encaje negro, yo bajo los efectos del lSD. Parecido a cuando era invitado a las habitaciones de mis compañeras de la universidad; al asomarme imaginaba signos de erotismo, fetichismos excitantes y los había ocultos. En la habitación de trabajo de Mary-Pili estaban ocultos los símbolos del pudor. Al fondo de la pequeña habitación había una cama, al costado un espejo rectangular de esos que nos devuelven la imagen en los moteles, narcisismos fugaces, ahí surge el tan buscado encuentro con el doble. El ambiente era alumbrado por focos tungseno que hacían que los billetes brillaran fluorescentes, al lado de la camita de adolescente; un lavaboinodoro, invento que nunca antes había visto. El perfume barato apagaba los restos de olores sudorosos quedados en el aire. Empezó por pedirme el dinero; el desencanto de la realidad. Había elegido a Mary-Pili por que durante la mañana pase frente a su vitrina y su tatuaje del conejito arriba de su tanguita roja bordada de encaje me pareció una cerradura enigmática, cuando subí la mirada me anticipo un guiño como un abracadabra, me hizo la seña de si venía acompañado, enseguida dije; friends, amigoos, al escuchar mi pronunciación abrió su vitrina invitándome a platicar en español con ella; yo era un pez del pacifico.; venga que ¿eres mexicano verdad? Si, si.. Hace mucho que no hablo español venga tío vamos ¿y ella? Es mi amiga ahhh pues ¡¡¡dile que venga hombre!!! Así pude ver de cerca la pecera erótica, no tarde en preguntarle el precio, nos despedimos como paisanos de lenguaje, el costo quedó como tema de meditaciones; no pasando varías cuadras regresé a preguntarle hasta a que hora trabajaba ese día; se sonrojo, me dijo la hora y deje de pensar en el precio. Su imagen sonrojada estimulaba mi ilusión, sin embargo al momento del cobro fue determinante; disculpa pero cobro por adelantado. No importa le dije con el tono de las palabras inmortales. Me miró fijamente como si me molestaría, respondí que confiaba en ella, le agrado y pregunto ¿Cómo estás? La verdad se me adelantaba a cualquier intención de mentir; estoy un poco drogado, tome un poco de lsd esta mañana, esperé unas horas que me pasará el efecto para venir contigo, también tomé unas cervezas ¿no hay problema? Claro que no… dijo; preparando todo para anestesiar el corazón. En seguida empezamos bajo un mínimo de pasión el desnudamiento y el aseo correspondiente. Me recosté en la cama, me pregunto si ya había estado con una prostituta, le conteste que a medias, nunca había pagado por sexo más que indirectamente comente, se rompió un poco el hielo. Anticipó que para todo se iba a utilizar preservativo. Hubo unos segundo de silencio, mientras veía mí reflejo por el espejo con las pupilas dilatadas, de pronto tuve sensaciones que llegaban hasta las plantas de los píes Mary-Pili había iniciado la consulta; de ahí pasamos a hacer el amor ¿Eres casado? No, no estoy casado ¿Cuántos años tienes? 25 años ¿Cómo no eres casado? No; conteste, entonces…es mi amante respondí ¿No eres casado pero tienes una amante? Ella es la casada confese, Ahhhh expreso desde adentro ¿Y lo va a dejar? Pregunto de manera intuitiva; ella quiere que la deje. No lo va a dejar dijo tajantemente ¿Y vive con él? No, por un tiempo no vive con él. Vive conmigo, ahh dijo recobrando el ánimo, mientras me compadecía consolándome con la dicha de la felatio reincorporándose por una duda ¿Y como tiene las tetas? Grandes, hermosísimas le dije besándole sus pequeños senos, mientras nos rozábamos los sexos jugando. Me acerco su hermosísima cintura, están recién perfumadas, dije: claro respuesta acompañada con la inclinación de su hombro desnudo ¿Y tú cuántos años tienes? Yo, tengo 20. No te creo dije, pero bueno es igual de interesante, se me acerco susurrándome al oído; 23. Abrazados con todo el cuerpo, mirándome, me dio su diagnóstico; creo que estás enamorao y no te has dado cuenta, cual revelación de esfinge, como pitonisa griega; estás enamorao y no te has dado cuenta, caí en paroxismo en ese mismo instante ¿Y ella tú crees que esté enamorada?¿Cómo podría saberlo? Bueno lo sabes si se preocupa por ti, si te habla por teléfono para saber cómo estás si se contenta y se enoja contigo así lo sabrás… Le mire su sexo, anda me dijo, juega; estaba cuidadosamente rasurado, lavado, con un olor muy ligero, ¿no te humedeces casi? pregunte dijo; NO, dibujando una pequeña sonrisa. A ella cuando le toco es un ojo de olor le dije, pegando su cuerpo perfumado a mis brazos. Aún tenía el efecto del lsd noté cuando me vi de nuevo por el espejo: ese agotamiento de la existencia. Acércate le dije a Mari-Pili mirándola a los ojos. Quiero que hagas algo por mí, entonces me miro, su trabajo le había donado sorpresas en cuanto a las proposiciones; Quiero que me abraces y que no pienses en nada absolutamente por unos segundos ¿puedo confiar en ti? Me abrazo como si le faltara hace tiempo un abrazo no más que a mí claro; aspiré fuertemente su cuerpo desde sus senos hasta su cuello utilizando el abismo como descanso, jugaba con su cuerpo, así fue que probé la eternidad en los brazos de Mary-Pili; hasta que caí a esté mundo con las palabras de ella; es hora de irse poniendo la ropa. Me sorprendió su reloj interno. Estás enamorao y no los sabes volvió a decirme; no te preocupes por eso. Sabes, ella me pidió que viniera aquí con algunas de ustedes y que le contará todo ¿que opinas? No se lo digas, mira que es una trampa eso ¿y tu? ¿Tienes un amor? Sí, si tengo pero no es un chico es una chica, dijo, a manera de confidencia. Bueno hay que regresar. Vamos. Me despidió detrás de su cortina roja me dio un beso en las comisuras regalándome enseguida una mirada cómplice como la que se suelen dar las tías cuando te saben algo, salí con el placer de la verdad. Caminé por el canal de la red Light District. Estaba enamorado me había sido revelado, lo había descubierto abrazando a Mary-pili, las luces de Ámsterdam empezaban a iluminar el mundo.








sábado 17 de octubre de 2009

Poesía

De tiempo atrás hasta hace menos que una primavera, es decir ya varios inviernos
había puesto al deseo en otros zapatos, en otra camisa, le había amarrado las agujetas,
peine mi imagen a mi semejanza y la eche a navegar hacia el olvido, sin pensar que en este mundo los náufragos vuelven por que están marcados por su odisea,

Cuando me encontré otra vez deseando, ya estaba en harapos,
si, me dio pena verme así, peine mis cabellos, me perfume el corazón,
el deseo ejercía su superioridad sobre mi intelecto
empecé a extrañar en las oscuridades y así me fui acercando a ti como un gato
sigiloso y orgulloso, enmudecía frente a las posibilidades y se caían mis estrategias
que bien sabes que para asuntos del corazón no cabe hablar de estructuras,

Soñé que me decías que los lunes se encuentra uno en tal estado por que se sobrevive a un violento domingo, no tengo oficio de interprete pero sé que mi corazón había estado en lunes por mucho, y que el domingo es la violencia con que se recuerdan los amores pasados. Hoy esta nublado, las cosas están como en un museo de cera y creo, tengo fe y calor, solo por que acabo de verte. Estoy bajo tu influjo.

jueves 15 de octubre de 2009

Prosa Fotográfica

PRESAGIO DE UN SUEÑO FRENTE AL MAR.






Ey, estoy cansado.

Jamás había sentido este cansancio.

Aún puedo andar aún puedo mirar.

El sol no me molesta, el sueño se ha mudado al cuerpo.



Mi alma escapó anoche. No sé a que hora. Quizá se fue con ese último suspiro claro que te alcance a oír. De ahí el olvido se impuso para traerme al mundo.



¿Y tú? No me veas así… Me siento un poco triste de no poder declamar enamoramiento, por los acuerdos. Si sirve un poco, los hombres tenemos realmente contadas nuestras tristezas en la vida frente a las mujeres. Mi primera confesión es ésta. Si sirve, también me siento contento de haberte tocado tanto, de que tengas este rostro hoy y el de ayer con el sol.



Tanta resaca erótica



¿Se podrá ir más allá? Habrá que dormir un poco al instinto, al animalito, él sabrá guiarme, tiene su propio lenguaje y no hablo en plural por que has sabido hacerme el más grande regalo: acariciar mi ego delirante. Mira, te cuento un sueño. La primera imagen que recuerdo son unas escaleras que dan al mar. Las escaleras con las que siempre hemos soñado los seres humanos, unas escaleras que conecten el cielo al mar. Por esas escaleras veníamos bajando, contentos.




Había un psicólogo que quería encontrar la esencia del ser humano en unas palomas. Y le preguntaron qué es todo eso que no tienen las palomas ni los changos ni los ratones, pero sí los seres humanos. Es una caja negra. Dijo. No imaginó que hizo una comparación despiadada.



Bajando, al final de las escaleras, en el sueño, había un mar azul. En unas partes más intenso, tanto que dejaba de ser azul volviéndose algo obscuro, como en ese mar psíquico en donde se mezclan los más profundos recuerdos con el instinto volviéndolo denso, por eso en el sueño tenía la idea de la profundidad y te decía que en esa parte obscura, profunda, estaba hondo. Era el deseo.




Me gustaba que ante mi precaución tú jugaras en ese paisaje hasta entonces advenedizo.



Y no pudimos resistirnos ante ese enorme deseo marítimo, que en algunas partes es más profundo y obscuro.



Tú diste el primer paso, acariciándolo con Carne:










El mar y el deseo despiertan con una caricia. Es bien cierto.










Entonces… con esa caricia el mar se despertó, indomable, fuerte hacia nosotros.












Íbamos cuesta arriba subiendo las escaleras sin sol, ni luna, quizá para regresar a la contemplación. Nos metimos en el sueño, en el mar, en el deseo, uno en el otro. Aunque el oleaje nos haya avasallado, no lo dejamos pasar, fuimos arrastrados por el Mar.